Historias para volver

Sobre la obra Luisa de Lanotannegra (Compañía de Teatro) y lo que opinaron los sanjuaninos desconocidos de siempre.

Adiós, amor mío, no me llores, volveré

antes que de los sauces caigan las hojas.

Piensa en mí, volveré por ti.

Joan Manuel Serrat

Pienso y pienso y no sé cómo se puede hablar de una obra de teatro que te encantó tratando de ser más o menos objetiva y sin contar mucho de lo que pasa. Pienso también en que no soy la única a la que le encantó esta obra. Entonces, claro, necesito de esas personas que disfrutaron como yo. Por eso, hablo con amigos que la vieron para saber cómo les fue. ¡Tírenme texto!

Ese disfrute, ese placer, era especial porque no era sólo de un grupo, era un placer para todos. Algo que me llamó mucho la atención sobre Luisa fue que gente que generalmente no iba al teatro, la disfrutó como cuando había ido al mismo lugar a ver Manuelita o a los Midachi. Y los teatreros, gente que trabaja del teatro o especialistas, coinciden también en la genialidad que resultó ser Luisa. Muchas veces es inconveniente preguntarse los por qué. Sobre todo si hay que formular los por qué de los sentimientos. Pero bueno, lo intentemos.

Seguramente una buena historia es suficiente para hacernos felices por un rato. Nos pasa con un cuento, con una película, con una canción de esas que narran. Pero hay algunas que, después de saber el final, nos siguen atrapando y atrayendo. Nos llevan de la nariz, nos llaman desde lejos.

Las buscamos y revivimos una y otra vez. Esas son las mejores, las que, además de contar una buena historia, la cuentan bien, muy bien.

Probablemente eso pasa, por ejemplo, con la historia de Penélope, la siempre fiel, la “esperadora”. Nos habla de ella Homero y nos siguen hablando de ella infinidad de poetas a lo largo de la historia, entre ellos, claro, nuestro visceral Joan Manuel. Ahí la vemos, sentadita en el andén con su vestido de domingo y su bolso de piel marrón. Esperando, y nosotros esperando con ella, una y otra vez, cada vez que ponemos play

Así, como la Penélope de Serrat, Luisa también nos cuenta una historia atrapante, una historia triste y cómica, que nos hace “llorar como locos o reír como chanchos”. Y es que la tenemos ahí, flaquita, con sus zapatitos y su saquito y su llanto y sus poses y su baile. La tenemos ahí, al alcance de la mano. Y llora de verdad y de mentira y nosotros nos reímos y lloramos de verdad, siempre de verdad. Y ella canta y baila y nosotros nos movemos en la butaca. Por momentos nos olvidamos del teatro, de la gente alrededor, de que la negra está actuando. Y nos creemos lo que nos cuenta, le creemos a Luisa.

Sí, seguro que las luces influyen. En el trabajo de Lanotannegra, las luces son cruciales (no sólo en Luisa). Y más allá de lo técnico que nos puedan decir los que saben, esas luces ayudan a eso de llevarnos lejos. Le prenden una luz de escenario para que baile como loca, se luzca pidiendo que él vuelva, sexy en la ironía de su sensualidad. Le enfocan una luz roja desde el costado, como de confesionario, como de secretos: contanos, Luisa, la verdad de lo que pensás. Y una luz azul, una luz del alma, de despedida, del fondo donde habita la soledad más sola.

Lo que más parece llamarle la atención a la gente es la actuación. Hemos nacido para amar u odiar a los actores, a los que dan la cara. Pero no podemos decir que Lorena López tuvo suerte de ser parte de Luisa. La obra es un éxito porque los múltiples códigos que intervienen en ella encajan perfecto. (A la música puedo escucharla solita, en el auto, mientras subo la circunvalación.) Pero es cierto, la negra ES Luisa. Es Luisa el personaje, y es Luisa la obra. Porque también es Agustín y es la mamá de Luisa. Y también es el alma de Luisa llorando y esa chica que ha visto muchas novelas y sabe cómo llorar en público y esa otra que puede bailar una cumbia sexy porque lo aprendió en un video reggaetonero. Su trabajo y el trabajo de sus compañeros en ella, hacen de la negra la Luisa que es. Y hacen de Luisa lo que es. Y la hacen ser Luisa, encarnarla en el sentido más etimológico del verbo.

El trabajo de Lanotannegra en esta obra (y en las demás también, claro) hace honor al teatro. Al teatro sanjuanino y al Teatro. Lanotannegra hace teatro con mayúsculas. Y lo hace porque al talento de sus miembros le suma el trabajo. El trabajo del detalle de cada código, de cada gesto, de cada elemento. Y que resulta, como bien dice Donny, en una compleja sencillez. O como dice María Victoria, sobresale en perfección y estética. La complejidad del trabajo resulta de una sencillez perfecta. A nosotros sólo nos queda aplaudir. De pie.

“No voy habitualmente al teatro, generalmente prefiero hacer otra cosa. Pero Luisa me sorprendió, la verdad no esperaba algo así. Me pareció de muy buena calidad, la actriz y el libreto… pero salí triste porque me creí todo lo que iba pasando.” (Mariana, 25, Contadora)

“No voy habitualmente al teatro, generalmente prefiero hacer otra cosa. Pero Luisa me sorprendió, la verdad no esperaba algo así. Me pareció de muy buena calidad, la actriz y el libreto… pero salí triste porque me creí todo lo que iba pasando.” (Mariana, 25, Contadora)

“Yo había visto Domingo por la tarde... que es la Opera Prima del grupo Lanotannegra y me voló la cabeza. No esperaba menos de Luisa. Me pareció alucinante que me sorprendiera a cada instante. ¡Por un lado, lloré como nunca y por el otro, me reí como un chancho!” (Anahí del Valle, 28, Diseñadora Gráfica, Maquilladora, Actriz)

“Siempre que la vi me gustó, pero, como suele suceder, vi, sentí y pensé cosas diferentes en cada una de las puestas. La primera vez quedé fascinada con las habilidades actorales de Lorena, algo que por lo menos yo no había visto antes en mi reducida experiencia teatral sanjuanina. Y me impactó mucho la canción que baila Luisa, a tal punto que luego tenía el recuerdo de que allí terminaba la obra. La segunda vez, pude prestar más atención al texto y terminé en esa mala costumbre del ser humano de identificarse con el personaje.” (Damasa, 30, Estudiante)

“Me gustó Luisa porque una sola persona se transforma en todos los personajes de la historia sin agregar disfraz ni escenarios. Hace trabajar mucho la imaginación y te genera una interacción como espectador, porque en tu mente creás vos también parte de esos personajes que ‘no se ven’, relacionándolos inclusive con amigos o conocidos, u otros personajes que te gustan. Para mí el novio de Luisa, era como el gordo Caseros. Y la historia es divertida, hasta en lo dramático.” (Teo, 28, Estudiante)

“Me gusto todo. La obra completa está muy bien hecha. La actriz es una grosa. ¡No le puede salir mejor!” (Antonella, 19, Estudiante)

“Sabía que el elenco venía trabajando en una “nueva obra” y me invité sola; fui porque confío en el grupo; su primera producción había sido genial y sabía que iban por mucho más. Fui a la primera función porque soy amiga de Lanotannegra, ahora no puedo dejar de ir cada vez que la presentan. Una voz se me viene desde adentro y me dice: ‘Todavía tenés que ir a ver a Luisa’. Aclaro, dejé de ser amiga de los chicos por hacerme llorar tanto cada vez que la veo… Me parece magnífica, creo que no le falta nada. Es totalmente conmovedora e inspiradora. Iba a comenzar diciendo no, que no le sobra ni le falta nada, pero creo que le sobra mucho. Luisa sobresale en pasión, trabajo, perfeccionamiento y estética. Me faltan palabras para describirla… y eso la describe perfectamente” (María Victoria, 24, Profesora de Letras)

“Lo que más me gustó de Luisa fue su complejo aire de sencillez. Complejo porque no es fácil que algo se vea simple, sobre todo cuando se trata de una puesta en escena. Hay que trabajar la simplicidad, quizá más que en el exceso. Además, me parece que funciona para todo público y está bueno: melodrama y cuadros musicales para reír y llorar.” (Donny, 30, Zapatero remendón)

“Es una obra que he visto muchas veces y siempre me sorprende emocionalmente, nunca salí igual después de verla. Hubo veces que salí eufórica; otras, angustiadísima; hubo veces en que me lloré todo y me dejó muy triste; otras, en que salí con una sonrisa abierta. Creo que es una obra que funciona, no sé si le cambiaría algo.” (Mara, 26, Estudiante)

“Me emocionó profundamente, ya que en algunos momentos me identifiqué con la pobre Luisa, que mantiene su ilusión más allá de todo. Además, ver a Lorena sobre las tablas (por primera vez para mí) me llenó de felicidad, puesto que sé todo lo que esto significa para ella. No le cambiaría nada, ya que la estética elegida me parece la exacta, y si se le cambiara algo, perdería parte de su esencia.” (Silvina, 29, Estudiante)

NOTA: Además de las citas de los que colaboraron en esta nota, me serví de otros datos que ellos me dieron en la encuesta para la redacción. A todos ellos, muchas gracias.