Estábamos una noche, hace algún tiempo, entre amigos, disfrutando un varietal de la zona, cuando asomó en la conversación el nombre de Allen Ginsberg, y su trascendental poema Aullido. El vino ayudó a que nos situásemos en aquellos tiempos durante los cuales el poeta estadounidense y sus amigos transitaban noches parecidas.
La primera copa
Creo que la evocación fue porque otro amigo (de Neuquén éste), Bruno Revello, había escrito un poema que dialogaba con el largo y radical poema mencionado antes. Allí estaba el vino como medio de transmisión. No es por divague ni borrachera, pero a esto se sumaba que los vinos californianos (zona paraíso de muchos artistas de aquella época) recuerdan a los vinos cuyanos, y suelen ser casi tan buenos como estos.
Esa noche era de aparecidos. Cuando nombramos a Ginsberg y amigos salió una frase de otro buen bebedor, Abelardo Castillo. Aunque, más que salir, la frase fue forzada porque alguien que recordaba la cita fue corriendo a traer el libro en el que, salud de por medio, Castillo dice: “Siempre creí que los escritores se dan de a uno. Un escritor no es la generación a la que pertenece sino los libros que escribe… no es su generación lo que justifica a un artista, sino lo que él ha hecho a solas y muchas veces contra los valores, las creencias, las normas y los prejuicios de su tiempo”.
Yo sé que si digo que se armó el tole-tole discursivo parecerá exagerado, o si uso la palabra “polémica” para describir el acto, algunos dirán que esa palabra sólo puede ser usada cuando disentimos sobre tal o cual delantero de la selección.
El mejor equipo
Aclaro para no enturbiar el asunto. Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs, Carl Salomon y Lawrence Ferlinghetti, entre otros, compartieron tiempo, tragos, y una forma parecida de ver la cultura de su época, a través de sus textos. Se los agrupó bajo el nombre de Generación Beat.
O sea, si lo vemos así de simple, (o como quiere hacernos creer Wikipedia) eran un grupo ¿Y obviamos lo que afirma Castillo? Esto me recuerda que durante mi paso por la facultad de letras, una profesora hablaba acerca de Neruda refiriéndose a él como “un surrealista” y creo que se lo seguirá diciendo a las nuevas olas de alumnos. Traigo esto a la conversación porque si mal no recuerdo el surrealismo fue una movida artística, un fenómeno contracultural (así como la generación beat) que se dio en un tiempo y lugar determinados: periodo de entre guerras mundiales, París y sus alrededores; es decir, lugares de Europa donde se llevaron a cabo ambas contiendas.
Creo que eso es denominado “carácter estricto del surrealismo”, así que podemos decir: los surrealistas fueron estos, los de tono o espíritu surrealistas fueron aquellos otros. Esto nos pone frente a Neruda cuando hay que decirle: amigo, su libro Residencia en la tierra me parece uno de sus mejores textos, tiene espíritu surrealista y por favor hable con esa profesora a la cual me referí. Las fans de su obra melosa se pueden escandalizar si ven que se anda asociando su nombre con infames como André Breton y su grupo.
Concluido esto, vuelvo a preguntar ¿y qué hacemos con lo que dice Castillo?
Solo contra el mundo
Castillo se equivoca. Castillo sabe de qué habla. Ambas afirmaciones, aunque parezca absurdo, son valederas. Tanto acierta cuando dice “Un escritor no es la generación a la que pertenece”, como se equivoca al obviar el espíritu de algunas épocas, algunos lugares, el contagio de algunas ideas. Lo que se respira en el ambiente. Visto a la distancia, quizá nadie invitó a Castillo en su niñez a jugar a la pelota en el baldío, y aunque él no lo crea, algunas de sus acciones, sus revistas por ejemplo, fueron el acto de un grupo (o generación). Claro, que hayan llegado al mismo lugar desde diferentes puntos, es otro tema.
Al igual que a los surrealistas (y tantos otros: situacionistas, dadaistas, románticos, manieristas, entre otros) los muchachos de la Generación Beat se les dio por juntarse en época de crisis.
País que luego de hacer su tarea salvadora del último conflicto mundial, empezaba a ganar terreno como juez y árbitro de los más variados asuntos a nivel mundial. Sí, por aquella época ya había gente a la que le molestaba la política del país del norte.
Los descontentos
Según cuentan, el nombre de “beat” se les ocurrió con la idea de desnombrar la movida, en una extraña estrategia de marketing.
Cuando el periodismo y la crítica literaria ya hablaban de ellos, Kerouac dijo que el “beat” venía de “beatific”, beatífico. Es que aparte de experimentar con algunas de las más divertidas drogas de la época, también les llamó la atención lo espiritual, la mística oriental, el budismo zen y esas cosas.

Pero el aporte más importante, más allá de las obras que dejaron (los libros ¡qué libros!), quizás sea el impulso contracultural que aún dura y se manifiesta. Por supuesto, el “American Way Of Life” no se ha derrumbado, y también sigue más vigente que nunca. Si no me creen, enciendan la tele, abran una revista o fíjense en las cosas que postean sus contactos en la red social de su preferencia. Ese modo de vida, al principio de apariencia ingenuo, era la evolución lógica de la crisis: si antes fue racionamiento, ahora la opulencia y el consumo eran símbolos del buen vivir. El sueño de la porrista, el campeón del colegio, el graduado con honores, la barbacoa, el niño simpático y perfecto, el trabajo y la casa ideal, entre otros, han propagado su franquicia en una gran cantidad de culturas alrededor del mundo.
Claro que estos señores ya lo veían venir y si bien su obra no fue panfletaria, el espíritu de libertad que contagiaban era una molestia para los planes de perfección y felicidad del modelo.
Es que aún cuando, como dijimos, este modelo sigue ganando adeptos, siempre estallan “rebeliones” que replantean el orden de las cosas. Y no hablo de acciones partidarias de tinte siniestro, sino que me refiero a legítimos movimientos sociales.
La generación beat tuvo en su tiempo inmediato a detractores que acuñaron el término “beatnick”, designando a un estereotipo de joven que le restaba importancia al sentido de los artistas, relacionándolo con todo lo malo que formales señoras y señores pudiesen ver en esos jóvenes: abuso de drogas, desenfreno sexual, vandalismo, etc. Cualquiera diría que Baco estuvo ahí (invitación sesgada a leer La Sofía, en este número, para comprender).
Punks vs. Hippies
En el imaginario común estos dos grupos parecieron estar enfrentados siempre. El mensaje de los primeros era una escupida violenta al sistema; el de los segundos, una flor creciendo en paz sobre la tumba del sistema. Sin embargo, ambas ideas pueden tener una raíz común.
Por un lado, Ginsberg y sus amigotes no inventaron nada nuevo. Eso de los grupos (permiso señor Castillo) con ideas en “contra del sistema” es algo que se da seguido; desde hace rato. En cierta forma los punks, más allá de su lado más conocido, el musical, son herederos de la generación beat. William Burroughs es citado frecuentemente en la literatura punk; en cambio parece ser que hay gente que anda creyendo que el hippismo es la superación del sueño beat. Cuán equivocados.
Dijimos que esta movida era un fenómeno contracultural, al margen, en constante pugna; los tipos querían que la gente abriera los ojos: los que están en la cara y los del espíritu. El hippismo pretende tener esos aires, pero en realidad es un subproducto del sistema de cultura al que se “opone”, o sea que la diferencia fundamental es el lugar en el que se ubicaron ambos movimientos y lo que propusieron. En el caso del hippismo, nada. Sin embargo, ambos se rebelaban contra un régimen paternalista, los beats contra el padre Estado y los hippies contra sus padres: nene, ya estás grande, anda a laburar.
Fin de la noche
Mucho he dicho sin decir nada, pero quién nos quita lo bebido.
Mi único pedido al lector es que, después de leer estas líneas, vaya por una botella de su bebida preferida y deguste con placer algunos de los párrafos, decepcionados pero llenos de bellezas, que plasmaron los escritores de este grupo o coincidencia de ideas, que nos dejaron versos como estos de Ginsberg:
Esta época instruida
Esta época instruida se tira pedos / Esta época instruida camina despacio / Esta época instruida se acuerda de sus abuelas / Esta época instruida toma diuréticos, presión arterial alta, vigila la sal y el azúcar
Esta época instruida come menos carne, algunos hace una década que dejaron de fumar / Unos dejan el café, otros lo toman fuerte / Esta época instruida presenció los funerales de sus mejores amigos, llamó a hijas y nietas por teléfono
Unos conducen, otros no, unos cocinan, otros no
Esta época instruida / A menudo / No dice nada.
Buenas noches.
1Entre los escritores de la generación beat se destacaban, esencialmente, Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William S. Burroughs. Sus libros: En el camino, de Kerouac, el poemario Aullido, de Ginsberg, y El almuerzo desnudo, de Burroughs, han sido determinantes dentro de la obra común de esta generación.↩
2Neuquén, 1985. Escritor, Editor responsable de Cartonerita Solar.↩
3Buenos Aires, 1935. Escritor argentino de novelas, cuentos y ensayos.↩
